Cuando un personaje como Krugman, pretendido sabio economista, vocero y susurrador, egocéntrico con visos esquizoides, se aferra al poder, le entrega su alma y la de todos, para terminar por convertirlo en único responsable de nuestras vidas, resulta patético y servil siquiera publicarle un artículo en un medio con la difusión de El País. Pero claro, el sesgo ideológico alimenta a la bestia y El País, instalado en los sofismas y falacias típicos, defiende como dogmas de fe esas máximas que Krugman ubica en el límite entre el bien y el mal, entre buenos y malos, amigos y enemigos…
- yosoyhayek, autor de los grandes éxitos Camino de ranciedumbre y La Acción Viejuna
Yo soy un loco que se dio cuenta / Que el oro es muy poco
Si os fijáis lo que dice tiene la misma estructura que el chiste que dice así: "Sólo odio dos cosas en este mundo: a los que desprecian a otros pueblos y culturas... ¡y a los holandeses!"
ResponderEliminarLo que demuestra nuevamente que la Ley de Poe es una constante del Universo.
¿Grosero yo? ¡¡¡Una mierda!!!
ResponderEliminarY tal.
Yo sólo odio una cosa: a los putos belgas. Así es más sencillo.
ResponderEliminarFreman, y a los abogados. No te olvides.
ResponderEliminarPD: Me pregunto cuánto odiarás a un abogado belga.
Menos que a un abogado belga que tenga un oso polar como mascota.
ResponderEliminar.
Cuando leo a Yosoyhayek me creo Sísifo. Empujo cuesta arriba su escritura de moscardón, trabajosa, lerda, zumbante, para finalmente dejarla caer desalentado al descubrir, una vez más, que dice lo de siempre.