Salvando las distancias es como la polémica que salpica a Barack Obama en su país a propósito de la asistencia sanitaria y las medicinas gratuitas para las clases menos pudientes. Van a luchar contra un sistema, el del antidopaje, que tiene muchos intereses y que quiere seguir en la misma línea. Se van a enfrentar a uno de esos poderes que no se ven, pero se sienten: el económico. No se lo van a poner nada fácil y los argumentos deberán ser de mucho peso para que ganen.
Creo que hay razones para pensar que un liberal (en lo moral) como Obama piense en abrir la puerta a un sótano horrores relacionados con la destrucción de la familia, el relativismo moral, una mal entendida tolerancia, y el apoyo a Israel.
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No nos preocupemos por si él es el anticristo, sino por cuantos anticristos están surgiendo y guerreando contra Cristo, dentro de nuestras iglesias y fuera de ellas. Preocupémonos por el equilibrio en nuestra vida cristiana (¿vivimos en guettos evangélicos o vamos a hacer algo como los desastres humanos de las pateras, como nos recuerda Jaaziel con tanto acierto?. ¿hablamos de evangelio y dejamos de lado la justicia social?), preocupémonos por los ideales consumistas que han rebajado nuestro ideal y forma de vida cristiana.
De traca. Lo del Partido Popular, quiero decir lo de sus dirigentes, es para poner sillas que diría un catalán. Su fervor por el candidato demócrata a las elecciones presidenciales norteamericanas sería creíble si mostraran la misma devoción aquí por Otegui, que es el político más parecido a Barak Hussein, al contrario de lo que expele la izquierda moderada (el PSOE) y la radical (los dirigentes del PP cuando opinan de política internacional), que pretenden compararlo con Zapatero. Obama es un señor criado a los pechos de insignes terroristas de extrema izquierda, con Bill Ayers a la cabeza, que hasta anteayer eran sus mentores intelectuales. Su señora madre, la de Hussein, se movió siempre en los círculos de la radicalidad más extrema, más o menos como las Nekanes de Herri Batasuna que vemos periódicamente en los telediarios. Arístegui se asusta cuando ve a Sarah Palin, seguramente porque la considera una peligrosa integrista evangélica. Sin embargo, el reverendo Wright, director espiritual de Hussein y Michelle, que al lado de la gobernadora de Alaska es Torquemada redivivo, debe producirle un gran sosiego por sus sermones en los que llama a sus fieles a la lucha interracial y al odio a su país, en medio de alaridos y maldiciones bíblicas.