El caso es que, como el trabajo del hogar era denigrante y alienante y no sé cuantos “antes” más, nunca se hacían su cama, jamás se planchaban sus blusas y ya no digamos colaborar en la alimentación diaria de la familia, dándose una vuelta por la cocina, lugar más propio de esclavas, como mamá.
- Carlitos J., homenaje al landismo
Un niño en el hogar.
Hace 2 días