Preocupaba a los liberales el poder demonizador y aleccionador de la Iglesia. La dominación y el fundamentalismo de aquella lleva siglos sin ser una amenaza seria contra la libertad. El culto secular, el estatismo, la estatolatría es hoy la máxima de nuestras preocupaciones. Es ese nuestro enemigo, en todos los frentes posibles, sean propios de la conciencia, el adoctrinamiento o el mero totalitarismo del bienestar.
Ruego a todos los lectores de este blog que dirigan un email a la dirección de los premios (info@fpa.e) en apoyo a la candidatura del profesor Huerta de Soto, en mi opinión el liberal más brillante que ha dado nuestra patria desde la Escuela de Salamanca. El plazo acaba el 3 de junio, o sea pasado mañana, o sea que daos un poquito de prisa y tal. ¿Qué tal si abrís el correo y lo haceis ahora mismo? Recordad que los progres lo harían enloquecidamente si fuera uno de los suyos.
La familia es una institución natural que sirve de garantía y promoción de valores exactamente opuestos al socialismo. El que los marxistas de todas las épocas hayan dedicado ingentes esfuerzos a destruir esa célula primordial, demuestra que la izquierda sabe identificar perfectamente a sus enemigos seculares.
Hace unas décadas, se hubieran ocupado del cierre de lugares de culto, de la confiscación de Biblias e incluso de que nos dejaran en la calle. Ahora, nos anuncian que nos vigilan, que pasillean para denunciarnos ante los obispos y que intentan acabar con nuestra reputación aunque eso sí, nos permitirían seguir viviendo en alguna posición subordinada al lado de homosexuales y ateos en una especie de apartheid que, seguramente, les parecerá el colmo de la generosidad.
- César Vidal, primero vinieron por los progres...
Y cuando hablo de religión no me refiero a cualquiera, sino a aquella bajo cuya influencia se configuró la más completa idea de libertad: la religión cristiana y su institución más prestigiosa, la Iglesia Católica. Soy creyente, lo confieso, pero el argumento que aquí aporto en favor de una hegemonía cristiana como marco cultural para asentar el modelo austriaco de liberalismo tiene una lógica entendible por cualquiera.
Es, pues, la convicción cristiana algo demasiado ancho, grandioso, para que nuestra casta política pueda integrarlo en su pobrísimo discurso que no pasa de ofrecernos una felicidad tasada por una andorga llena. En fin, si la res publica empieza y termina en un conjunto de individuos con la panza satisfecha, no me extraña que haya cristianos contemporáneos que vuelvan a Tertuliano: "Nec ulla magis res aliena quam publica" ("Ninguna materia nos es más ajena que la pública"). Sin embargo, espero, especialmente por el bien de los no cristianos, que la mayoría de los seguidores del Nazareno salgan el día 28 a la plaza de Colón. Sí, sí, por el bien de todos los españoles, espero que sean muchos, cristianos y no cristianos, los que hagan caso a la llamada de Rouco Varela.
El problema va más allá, no se trata sólo de Antonio Golmar. El problema es que todo el entorno de LD, comenzando por el propio Jiménez Losantos, han caído en la trampa de los prejuicios y las ideas preconcebidas, cerrando por completo toda colaboración con entornos que ellos ya han calificado como de “retrógrados”, “fundamentalistas”, “ultras”, etc. El problema es, en realidad, que Losantos es el mayor de los maricomplejines que existen.
Es incapaz de abrirse y dar cabida en su “chiringuito” a todo lo que a él le pueda “oler a sacristía”, como dijo el tontolhaba del Lasalle, y por desgracia a contagiado de prejuicios contra, por ejemplo, HazteOír a muchos de sus colaboradores que antes mantenían una buena relación con HO, como Pio Moa, Girauta, Losada, Domínguez e incluso el propio Luis Fernando Pérez.
Afortunadamente seguimos contando con la independencia de criterio y la libertad de juicio de personas como César Vidal o Luis del Pino, a los que nunca terminaremos de agradecer suficientemente su apoyo. Losantos es demasiado soberbio para admitir que se equivoca por completo respecto a HO, y todo por cuatro o cinco clichés que le han contado y que ni se ha molestado en verificar. Es su problema.
ACTUALIZACIÓN: Elentir ya nos ha redirigido a su habitual página de castigo para blasfemos y herejes; para los amantes de las emociones fuertes que deseen visitar su blog a pesar de la poca hospitalidad del chaval, la dirección del enlace es
Jesús, el derecho de los niños no estará nunca por encima del de los padres, y simplemente porque los padres son los padres. Y aquí ya no entro en cuestión de abusos o maltrato, porque de sobra es sabido que ése no es un derecho de los padres. Estamos hablando de educación, que sí le pertenece a los padres el cómo educar a sus hijos.
Podemos obviar lo que sabemos. Todo ser humano nace en el momento de la concepción, desde que surge un nuevo ente único e irrepetible. Para ser independiente y tener todos sus órganos formados o disponer de todas sus facultades, no sólo necesita 9 meses de gestación intrauterina. Reducir el reconocimiento debido o la consideración sobre la dignidad de un ser humano a que nos parezca más o menos como nosotros, lo veamos o permanezca dentro de su madre, se ría, abra los ojos, pueda sostener su cabeza, gatear, caminar o resolver un problema de cálculo de cierta complejidad, es del todo estúpido. Lo que sabemos, lo sabemos y no basta con relativizar sobre la consistencia de los hechos conocidos. Cuando alguien, en nuestros días, en la España de hoy, se posiciona a favor del aborto, no debe ocultar su adhesión a una postura perfectamente identificable: aunque sé que ya eres humano, único e irrepetible, por no tener en el presente forma, o capacidad, o sostenibilidad, me niego a reconocerte nada perecido a la dignidad que quiero para mí y sí reconozco a los otro seres humanos que sí se adecúan al patrón arbitrario que he adoptado para calificar lo que es asesinar y lo que sencillamente no lo es.
Ahí están, rabiosos, enfurecidos, obsesionados, histéricos, bramando contra unas cruces de madera en nombre de una laicidad Robespierreana. Primero se rompen crucifijos, después se queman iglesias, al final se cortan cabezas o se tortura en checas. La masonería y el guerracivilismo posmodernos no descansan. Bajo la bandera de la laicidad se esconde la miseria del anticlericalismo, y esta oculta, más atrás, la aún más profunda miseria del relativismo autodestructivo.
- Germánico, se empieza por retirar los crucifijos y se acaba por faltar a la buena educación y por dejar las cosas para el día siguiente