Los valores sobre los que se construyen los cimientos de la sociedad civil europea tienen un origen cristiano, por más que se empeñen quienes quieren colocar sus raíces en la Ilustración y en la Revolución Francesa.
El crucifijo y sus resonancias de los valores que dan sentido y sostienen la civilización occidental –libertad, igualdad, fraternidad– sólo ofende a quienes tienen un personal resentimiento por lo religioso y un síntoma de irracional cristofobia pública. En democracia no se puede consentir que una minoría imponga sus prejuicios a los demás.
- Victoria Llopis
Un niño en el hogar.
Hace 2 días