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lunes, 24 de agosto de 2009

Barro

En las sociedades religiosas, los hombres aceptaban que estaban hechos de barro; y, aceptándolo, procuraban que, a medida que crecía su edad, creciesen también su sabiduría y su virtud, que eran los tesoros que podían llevarse a la otra vida. En las sociedades idolátricas (de la ciencia o de cualquier otro sucedáneo de la religión), los hombres tratan de convencerse -contrariando patéticamente las enseñanzas de la experiencia- de que no están hechos de barro; y en este vano empeño por refutar la naturaleza desdeñan los únicos tesoros que podrían llevarse a la otra vida, en la que han dejado de creer.

- Juan Manuel de Prada

viernes, 24 de abril de 2009

Homosexuales, ateos y otras gentes de mal vivir

Hace unas décadas, se hubieran ocupado del cierre de lugares de culto, de la confiscación de Biblias e incluso de que nos dejaran en la calle. Ahora, nos anuncian que nos vigilan, que pasillean para denunciarnos ante los obispos y que intentan acabar con nuestra reputación aunque eso sí, nos permitirían seguir viviendo en alguna posición subordinada al lado de homosexuales y ateos en una especie de apartheid que, seguramente, les parecerá el colmo de la generosidad.

- César Vidal, primero vinieron por los progres...

sábado, 13 de diciembre de 2008

Épater le progrois

Pero quiero pensar que aún queda gente refractaria a las directrices evacuadas desde los púlpitos del Matrix progre. A ellos va dedicado Cómo sobrevivir intelectualmente en el siglo XXI: regálenselo estas Navidades y, después de degustarlo, regálenlo también a algún progre que tengan a mano, para ver cómo patalea y echa espumarajos mientras lo lee.

- Juan Manuel, deprava



Cuñado de una lectora de Prada reponiéndose de los Reyes

domingo, 2 de noviembre de 2008

Eclosión de apóstatas

Y, si me lo permiten, desearía regresar a William Tyndale con el que comencé esta presentación. La apostasía no es mala en si. De hecho, puede ser buena, incluso obligada moralmente cuando tiene lugar por amor a la Verdad. Les sugiero pues que lean este libro porque, en caso de que sigan siendo de izquierdas, todavía están a tiempo de cometer una apostasía de las buenas.

- César Vidal

sábado, 11 de octubre de 2008

Sacerdotes de Plutón (verbenero)

En la sociedad cristiana, el dinero era un mero instrumento de comercio. Entonces llegó la herejía protestante, que Hilaire Belloc definió muy atinadamente como «rebelión de los ricos contra los pobres», para decirnos que el dinero no era un mero instrumento de comercio, sino un «medio de creación de riqueza»; y el hombre se entregó a la idolatría plutoniana del lucro y del dividendo. Pero ya se sabe que toda idolatría es una parodia de la religión; y los sacerdotes de esta idolatría plutoniana decidieron que su dios no podía ser visible, de modo que lo ocultaron en inviolables cajas de caudales, erigiendo unos nuevos templos que llamaron bancos. Los sacerdotes de la idolatría plutoniana descubrieron pronto, sin embargo, que no podrían mantener el embeleco si apartaban por completo el dinero de la feligresía. Y se dijeron: «Haremos imágenes de nuestro dios y se las repartiremos a los fieles, prometiéndoles que se las devolveremos multiplicadas por mil». Y los fieles de la nueva idolatría, excitados por la avaricia, creyeron que su dinero (las imágenes en papel moneda de ese dios que permanecía oculto en las cajas de caudales de los bancos) podría engendrar a su vez más dinero. Fue entonces cuando la idolatría plutoniana, que ya era una parodia religiosa, se convirtió en parodia esotérica; y sus fieles dieron en creer que los manejos de los sacerdotes del dinero podrían obrar la milagrosa alquimia de transformar unos ahorrillos en una fortuna. Y, para justificar aquella creencia enloquecida, los sacerdotes plutonianos apedrearon las meninges de sus fieles con una parodia ininteligible de la teología que llamaron «ciencia económica», al lado de la cual las profecías más abstrusas del Apocalipsis resultan diáfanas. Pero los fieles tragaron, porque su fe era la avaricia; y olvidaron que habían depositado su fe en una fantasmagoría.

- Juan Manuel de Prada, no damos crédito


La dietética protestante y el espíritu del capitalismo

jueves, 9 de octubre de 2008

La cita de Chesterton viene después

EL fariseísmo contemporáneo ha encontrado en la condena de la pederastia uno de sus ejercicios retóricos predilectos. Hace un par de días, la Policía Nacional desmantelaba una red de pornografía infantil -y van...- y detenía a más de ciento veinte personas que intercambiaban a través de Internet imágenes en las que niños de muy corta edad, casi bebés, eran sometidos a las sevicias más aberrantes; todos nos hemos indignado muchísimo, nos hemos rasgado las vestiduras y hemos solicitado que a tales tipejos infrahumanos se les castigue con el máximo rigor. Nadie se ha molestado, en cambio, en describir el caldo de cultivo en el que tales tipejos infrahumanos florecen, tal vez porque, si lo hiciéramos, nos veríamos obligados a reconocer que se parecen demasiado a nosotros mismos. Probemos aquí a describir ese caldo de cultivo: por una parte, hallaremos que los niños, antes de nacer, han sido relegados a la condición de «amasijos de células» sobre los que nos hemos arrogado un derecho de disposición absoluta que incluye su destrucción física; por otro, descubriremos que los niños, una vez nacidos, son sometidos a agresiones diversas que anhelan su destrucción espiritual.

Los niños que se salvan de ser despedazados en los abortorios son arrojados a una máquina trituradora que avasalla su inocencia y pisotea su dignidad. En esta guerra inmisericorde contra la infancia vale todo, con tal de que se disfrace con los ropajes de los sacrosantos derechos y libertades: y así, en el hogar, se les condena a una vida escindida, mediante el sacrosanto «derecho al divorcio» que asiste a sus padres; en la escuela, se les obliga a recibir adoctrinamiento ideológico y se les inocula el veneno de la llamada teoría de género, todo ello, por supuesto, en aras de que puedan vivir plenamente su «libertad sexual».

- Juan Manuel de Prada, a ver si te echas novia

martes, 16 de septiembre de 2008

Compartir el pan

Compartir el pan: va a costar aceptarlo después del hedonismo que ha ido entrando en nuestras filas en los últimos años, pero estamos llamados a compartir el pan con otros. Como dejó claro Jesús, no deberíamos esperar que Dios lo haga llover del cielo sino que deberíamos ser nosotros los que lo entregáramos a otros en la confianza de que Dios lo multiplicará (Mateo 14:16).

- César Vidal, er, ¿y la preferencia temporal?

martes, 9 de septiembre de 2008

Firmas

Yo de Pujol no me fío desde que hace años una funcionaria de la Generalidad me proporcionó un par de firmas suyas y me permití analizarlas grafológicamente. Pero aunque no supiera grafología los hechos cantan.

- César Vidal, grafólogo clandestino

domingo, 7 de septiembre de 2008

Moloch!

Mientras McCain nos ofrece esta lección pionera, nuestra derecha autóctona sigue más arrugada ante la hegemonía progre que un prepucio en cuaresma; y cuando la izquierda, en uno de esos habituales accesos de insania que caracterizan a los adoradores de Moloch, anuncia que en un futuro inminente abortar será como quitarse una verruga del bozo, nuestra derecha se limita a ensayar melindres acomplejaditos, y a balbucir que con tal anuncio la izquierda sólo pretende desviar la atención de lo que en verdad importa, que es la crisis económica. ¡Panda de mingafrías putrefactos! Todas las crisis económicas que en el mundo han sido no valen la vida de uno solo de esos niños que son sacrificados en los altares de Moloch. ¿Hasta cuándo seguiréis desempeñando el papelón de comparsas que fingen adherirse vergonzantemente a la locura imperante? ¿Es que no hay entre vosotros ni un gallardo profeta del tiempo nuevo capaz de barrer la mugre progre, hacinándola en el estercolero? Mi corazón espera un milagro de la primavera.

- Juan Manuel de Prada, nosotros preferimos a Dagón


Hay cartón-piedra, pero menos que en el ABC