En las sociedades religiosas, los hombres aceptaban que estaban hechos de barro; y, aceptándolo, procuraban que, a medida que crecía su edad, creciesen también su sabiduría y su virtud, que eran los tesoros que podían llevarse a la otra vida. En las sociedades idolátricas (de la ciencia o de cualquier otro sucedáneo de la religión), los hombres tratan de convencerse -contrariando patéticamente las enseñanzas de la experiencia- de que no están hechos de barro; y en este vano empeño por refutar la naturaleza desdeñan los únicos tesoros que podrían llevarse a la otra vida, en la que han dejado de creer.
- Juan Manuel de Prada
Fracasar a los 70
Hace 2 días
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