jueves, 2 de abril de 2009

Canta, oh Musa

El óvulo, envuelto en la zona pelúcida (o corona radiante), empieza a descender lenta, majestuosamente, desde el ovario por las fimbrias a la trompa. Sin embargo, desde el cuello uterino ascienden precipitadamente hacia la trompa, tras ser capacitados, un ejército de espermatozoides (40-250 millones por mL de semen).
[...] esta manifestación de magnificiencia de la naturaleza introduce un elemento de selección casi misterioso. Ese óvulo (sólo uno disponible cada mes, en condiciones normales) es fecundado por un único espermatozoide, histórico momento, que habrá dado lugar a cada uno de nosotros, y no a una hermana o un hermano nuestro, de nuestra misma edad.
En este punto, podríamos preguntarnos: ¿quién está legitimado para seleccionar el óvulo o el espermatozoide que van a dar lugar a un individuo único e irrepetible, en lugar de a otro? Desde esta perspectiva es congruente entender que las personas tenemos derecho a nacer por un acto de amor de nuestros padres y por ese otro componente “mágico” -de azar o providencia- que hizo que fuéramos nosotros, cada uno de nosotros y no otro. En este contexto, se comprende que el acto conyugal sea el único digno de una procreación responsable y estrictamente respetuosa, que no admite ningún tipo de delegación sustitutiva

- Inma Castilla de Cortázar Larrea (Vía)

1 comentario: