sábado, 11 de octubre de 2008

Sacerdotes de Plutón (verbenero)

En la sociedad cristiana, el dinero era un mero instrumento de comercio. Entonces llegó la herejía protestante, que Hilaire Belloc definió muy atinadamente como «rebelión de los ricos contra los pobres», para decirnos que el dinero no era un mero instrumento de comercio, sino un «medio de creación de riqueza»; y el hombre se entregó a la idolatría plutoniana del lucro y del dividendo. Pero ya se sabe que toda idolatría es una parodia de la religión; y los sacerdotes de esta idolatría plutoniana decidieron que su dios no podía ser visible, de modo que lo ocultaron en inviolables cajas de caudales, erigiendo unos nuevos templos que llamaron bancos. Los sacerdotes de la idolatría plutoniana descubrieron pronto, sin embargo, que no podrían mantener el embeleco si apartaban por completo el dinero de la feligresía. Y se dijeron: «Haremos imágenes de nuestro dios y se las repartiremos a los fieles, prometiéndoles que se las devolveremos multiplicadas por mil». Y los fieles de la nueva idolatría, excitados por la avaricia, creyeron que su dinero (las imágenes en papel moneda de ese dios que permanecía oculto en las cajas de caudales de los bancos) podría engendrar a su vez más dinero. Fue entonces cuando la idolatría plutoniana, que ya era una parodia religiosa, se convirtió en parodia esotérica; y sus fieles dieron en creer que los manejos de los sacerdotes del dinero podrían obrar la milagrosa alquimia de transformar unos ahorrillos en una fortuna. Y, para justificar aquella creencia enloquecida, los sacerdotes plutonianos apedrearon las meninges de sus fieles con una parodia ininteligible de la teología que llamaron «ciencia económica», al lado de la cual las profecías más abstrusas del Apocalipsis resultan diáfanas. Pero los fieles tragaron, porque su fe era la avaricia; y olvidaron que habían depositado su fe en una fantasmagoría.

- Juan Manuel de Prada, no damos crédito


La dietética protestante y el espíritu del capitalismo

2 comentarios:

  1. Plutón, ¿ese no era el perro de Mickey Mouse?

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  2. En inglés sí.

    Oye, ¿esto de de Prada va en serio? Yo no doy crédito, realmente. ¿Será el osservatore que le ha vuelto aun más obeso?

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